Siempre fui un tipo desligado. Nunca me gustó que me aten ni atar a nadie, hasta que la conocí. Era unos años menor que yo pero tenía (y sigue teniendo) todo lo que busqué en las mujeres con las cuales me involucré a lo largo de mis diecinueve años.
Una noche de verano, mientras las idas y vueltas reinaban en nuestra relación, vía msn supe que iba a pasar aunque sea un rato de su noche en un bar que estaba a media cuadra del cual yo suelo frecuentar. No pude evitar hacerle evidente que yo también iba a estar cerca y que quería verla. No me contestó, pero la conozco lo suficiente como para saber que su ausencia de respuesta no significó más que un 'Sí, avisame cuando pueda verte'.
Era el cumpleaños de Lucas, otro de mis compinches desde hace años, por lo cual tenía la excusa perfecta para cruzármela 'casualmente'. Como de costumbre, nos juntamos en lo de Lucas con unas rondas de poker de por medio y unas cuantas cervezas que nos esperaban anciosas de ser tomadas dentro del frigobar del delincuente anteriormente nombrado.La noche pasaba y no podía sacar a los timberos de la casa de Lucas y los mensajes de ella no me paraban de llegar. Ya no sabía de qué manera contestarle para hacer que me espere, hasta que se decidieron a ir rumbo al antro al cual solemos ir, religiosamente, cada sábado.
Apenas llegamos, ocupamos una de las mesas más grandes del lugar dado que éramos una multitud, cuando lo único que quería era irme de ahí a verla lo más rápido posible. Soy un tipo de tanta suerte, que apenas llego el patovica nos prohibe la salida por cuestiones de seguridad.
Dadas las nefastas condiciones en las que me encontraba, le mandé un mensaje a ella pidiéndole si podía acercarse al bar en el que yo estaba, recordemos que estaba a menos de una cuadra del de ella, con el fin de verla aunque sea cinco minutos, a lo que ella accedió. Las medidas de seguridad me importaron muy poco, le pedí al maldito patovica si podía hacerme el favor de dejarme salir dos minutos para ver a mi novia. Sí, le mentí, no era mi novia, pero el subconciente me jugó la peor (o mejor) de las pasadas.
Cuando la ví venir desde la esquina, se me calló literalmente toda la estantería. Hacía mucho que no la veía, si no era de cruzada por alguna de las calles que solemos caminar ambos, y estaba más linda que nunca. Las vacaciones le habían sentado demasiado bien. Hablamos apenas unos minutos, los que me permitía el patovica mientras me hacía caras desde la puerta. Simplemente quería saber cómo estaba ya que nuestras conversaciones vía msn terminaban casi siempre, por no decir siempre, mal. En discuciones, en insultos, en malos tratos.
Hasta que en un momento no pude aguantar más y le dí el beso que hacía tanto tiempo guardaba para ella. Me aguantaba por una sóla razón: Ya habíamos intentado estar juntos y no nos había ido nada bien. No por ella, sino por mí. Nunca tuve el valor suficiente para poder afrontar semejante mujer con semejante carácter, pero era la mujer que yo quería y poco me importaba tener que jugarme tanto por un simple beso. Sé que a ella también le significó demasiado, lo sé porque la conozco, o quizás quiera pensar que lo sé porque me hubiese gustado que sea así, eso nunca lo sabré. Nos reímos un rato de la gente que pasaba, le robé un par de sonrisas, las cuales aún recuerdo patente, y nos despedimos. La abracé como hacía tiempo no abrazaba a nadie, pero necesitaba hacerlo.
Cuando estaba por doblar rumbo al bar en el cual estaba, le grité 'No te enamores'. Y hoy me doy cuenta que fui un estúpido, tendría que haberle gritado 'Enamorate tanto de mí como yo lo estoy de vos'. Pero otra vez, no me animé.
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