Mis aficiones están todas pura y exclusivamente relacionadas con las artes, abarcando desde el dibujo, pasando por la música y los audiovisuales hasta las obras literarias más extensas.
Las inclinaciones musicales compartida por quién les habla, Tomás y Andrés, dos grandísimos amigos con los cuales vengo conllevando cosas desde mi infancia, nos hizo formar un proyecto musical el cuál duró los dos años anteriores. Al ser todos del mismo barrio, tocábamos en antros poco conocidos al cual sólamente acudían nuestros seres más cercanos, pagando limosnas de entrada, pero siempre con el claro objetivo de alimentar nuestro ego rockero.
Pasamos horas metidos en estudios de grabación, sacamos nuestro primer simple compuesto por cuatro de las varias canciones que compuse. Sí, y me hago cargo de la composición porque los otros dos delincuentes tienen un nivel de escritura nulo. Y a mi escribir no me costaba nada y, de hecho, era mi método de purga por elección.
Por primera vez se nos había presentado una oportunidad un tanto grande: Una de las bandas más reconocidas en al escena under del momento nos había escuchado de casualidad, revisando myspace's y purevolume's, y nos había invitado a tocar con ellos. No lo pensamos ni un segundo: Por cuestiones lógicas, era sabido que, al ser teloneros de la banda siguiente, la cantidad de gente que nos iba a escuchar iba a ser poca, nos iba a demandar un gran gasto y hasta quizás signifique pérdida, pero no nos importó. Teníamos que sacarnos el gusto, mientras durara nuestra era dorada de rock.
Y así fue. Íbamos a tocar en el Teatro de Flores, un lugar sumamente inmenso a comparación de dónde estábamos acostumbrados a tocar, y apenas nos subimos a probar el sonido, apuesto a que no sólo a mí me temblaban las piernas. Me costaba cada acorde, cada sólo, cada nota al cantar, me costaba todo.
Una vez terminada la prueba de sonido con todo resuelto, estabamos haciendo tiempo a que abrieran las puertas y la gente se instalara a conocernos. El tiempo no pasaba más, puedo asegurar que fue la media hora más larga de mi vida. Y en ese lapso, mientras los nervios carcomían todas y cada una de las partes de mi cuerpo, le mandé un mensaje preguntándole si iba a venir a verme. Respondió que no iba a venir a verme a mí, sino a la banda que venía después. Eso me decepcionó bastante, pero eso es una cosa que requiere demasiado tiempo, asique la contaré más adelante.
Nos llamaron, era hora de tocar. Nos subimos al escenario, como vocalista me tocó presentarnos y, entre nervios y confusiones, arrancamos. Tocamos casi todo nuestro repertorio dado que tuvimos la suerte de que nos pidieran que hiciéramos tiempo porque la banda que nos seguía todavía no estaba del todo lista. Cuando estábamos tocando el último tema, ese que le compuse a la mujer que esperaba que viniera a verme, pude distinguirla entre las cincuenta personas que estaban en el teatro, escondida atrás de una columna. También, pese a la distancia que nos separaba y los sentimientos que corrían ente verso y verso, pude ver que unas lágrimas bajaban por sus mejillas mientas ella intentaba disimular cualquier tipo de gesto que dejara en evidencia lo que le producía la canción (y ojalá yo también).
Terminamos. Recibimos aplausos y alagos más de los que esperábamos. Pero lo único que me importaba era encontrarla.
Corrí hasta la puerta, evitando cualquier tipo de conocido que pudiera retenerme, y cuando le pregunto al muchacho de la puerta si había visto a una chica con las características que le había dado, a lo que respondió: "Salió apenas terminaron de tocar y dejó esto para vos".
El muchacho me entregó una propaganda de esas con las que te llenan en los recitales de otra fecha que se estaba promocionando, y atrás decía: "Que bueno que no te hayas olvidado, porque yo tampoco".
Nunca entendí el porqué del mensaje escrito en ese papel, que aún guardo en un cajón, ni el porqué de sus lágrimas. O quizás nunca tuve el valor de preguntárselo.
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