Volvía cansadísimo de la facultad y la jornada de trabajo había sido más extensa y cansadora de lo común. Tenía la cabeza en cualquier otro lado menos en donde debía estar, y en uno de mis peores momentos de torpeza, mientras cruzaba las vías para rumbo a casa, me comí uno de los rieles y todos los papeles, cuadernos y libros que llevaba en las manos, se vio desparramada en el medio de la estación en menos de una milésima de segundo.
Pero antes de terminar de ponerme colorado, escuché:
- Te ayudo?
- Gracias (pidiendo por favor que me trague la tierra ahora mismo)
- De nada.
- Disculpame, estoy buscando tal calle, vos sos de acá? (Ésta entra en el top five de mis mentiras)
- Sí, mirá tenés que cruzar la vía, hacés dos derecho, doblás a la izquierda y serán tres cuadras más.
- Ah, bueno, gracias.
- No te veo muy convencido, no preferís que te acompañe?
- No, dejá, estoy bastante apurado (No vaya a ser cosa que se dé cuenta que vivo acá hace aproximadamente dieciséis años) pero si querés pasame tu celular y te mando un mensaje avisándote si llegué bien.
- Jaja, sólo porque me caíste simpático.
Nunca le agradecí tanto a mi torpeza.
miércoles, 15 de julio de 2009
viernes, 10 de julio de 2009
Toma tres: La mujer que destrozaba las noches
Siempre fui un tipo desligado. Nunca me gustó que me aten ni atar a nadie, hasta que la conocí. Era unos años menor que yo pero tenía (y sigue teniendo) todo lo que busqué en las mujeres con las cuales me involucré a lo largo de mis diecinueve años.
Una noche de verano, mientras las idas y vueltas reinaban en nuestra relación, vía msn supe que iba a pasar aunque sea un rato de su noche en un bar que estaba a media cuadra del cual yo suelo frecuentar. No pude evitar hacerle evidente que yo también iba a estar cerca y que quería verla. No me contestó, pero la conozco lo suficiente como para saber que su ausencia de respuesta no significó más que un 'Sí, avisame cuando pueda verte'.
Era el cumpleaños de Lucas, otro de mis compinches desde hace años, por lo cual tenía la excusa perfecta para cruzármela 'casualmente'. Como de costumbre, nos juntamos en lo de Lucas con unas rondas de poker de por medio y unas cuantas cervezas que nos esperaban anciosas de ser tomadas dentro del frigobar del delincuente anteriormente nombrado.La noche pasaba y no podía sacar a los timberos de la casa de Lucas y los mensajes de ella no me paraban de llegar. Ya no sabía de qué manera contestarle para hacer que me espere, hasta que se decidieron a ir rumbo al antro al cual solemos ir, religiosamente, cada sábado.
Apenas llegamos, ocupamos una de las mesas más grandes del lugar dado que éramos una multitud, cuando lo único que quería era irme de ahí a verla lo más rápido posible. Soy un tipo de tanta suerte, que apenas llego el patovica nos prohibe la salida por cuestiones de seguridad.
Dadas las nefastas condiciones en las que me encontraba, le mandé un mensaje a ella pidiéndole si podía acercarse al bar en el que yo estaba, recordemos que estaba a menos de una cuadra del de ella, con el fin de verla aunque sea cinco minutos, a lo que ella accedió. Las medidas de seguridad me importaron muy poco, le pedí al maldito patovica si podía hacerme el favor de dejarme salir dos minutos para ver a mi novia. Sí, le mentí, no era mi novia, pero el subconciente me jugó la peor (o mejor) de las pasadas.
Cuando la ví venir desde la esquina, se me calló literalmente toda la estantería. Hacía mucho que no la veía, si no era de cruzada por alguna de las calles que solemos caminar ambos, y estaba más linda que nunca. Las vacaciones le habían sentado demasiado bien. Hablamos apenas unos minutos, los que me permitía el patovica mientras me hacía caras desde la puerta. Simplemente quería saber cómo estaba ya que nuestras conversaciones vía msn terminaban casi siempre, por no decir siempre, mal. En discuciones, en insultos, en malos tratos.
Hasta que en un momento no pude aguantar más y le dí el beso que hacía tanto tiempo guardaba para ella. Me aguantaba por una sóla razón: Ya habíamos intentado estar juntos y no nos había ido nada bien. No por ella, sino por mí. Nunca tuve el valor suficiente para poder afrontar semejante mujer con semejante carácter, pero era la mujer que yo quería y poco me importaba tener que jugarme tanto por un simple beso. Sé que a ella también le significó demasiado, lo sé porque la conozco, o quizás quiera pensar que lo sé porque me hubiese gustado que sea así, eso nunca lo sabré. Nos reímos un rato de la gente que pasaba, le robé un par de sonrisas, las cuales aún recuerdo patente, y nos despedimos. La abracé como hacía tiempo no abrazaba a nadie, pero necesitaba hacerlo.
Cuando estaba por doblar rumbo al bar en el cual estaba, le grité 'No te enamores'. Y hoy me doy cuenta que fui un estúpido, tendría que haberle gritado 'Enamorate tanto de mí como yo lo estoy de vos'. Pero otra vez, no me animé.
Una noche de verano, mientras las idas y vueltas reinaban en nuestra relación, vía msn supe que iba a pasar aunque sea un rato de su noche en un bar que estaba a media cuadra del cual yo suelo frecuentar. No pude evitar hacerle evidente que yo también iba a estar cerca y que quería verla. No me contestó, pero la conozco lo suficiente como para saber que su ausencia de respuesta no significó más que un 'Sí, avisame cuando pueda verte'.
Era el cumpleaños de Lucas, otro de mis compinches desde hace años, por lo cual tenía la excusa perfecta para cruzármela 'casualmente'. Como de costumbre, nos juntamos en lo de Lucas con unas rondas de poker de por medio y unas cuantas cervezas que nos esperaban anciosas de ser tomadas dentro del frigobar del delincuente anteriormente nombrado.La noche pasaba y no podía sacar a los timberos de la casa de Lucas y los mensajes de ella no me paraban de llegar. Ya no sabía de qué manera contestarle para hacer que me espere, hasta que se decidieron a ir rumbo al antro al cual solemos ir, religiosamente, cada sábado.
Apenas llegamos, ocupamos una de las mesas más grandes del lugar dado que éramos una multitud, cuando lo único que quería era irme de ahí a verla lo más rápido posible. Soy un tipo de tanta suerte, que apenas llego el patovica nos prohibe la salida por cuestiones de seguridad.
Dadas las nefastas condiciones en las que me encontraba, le mandé un mensaje a ella pidiéndole si podía acercarse al bar en el que yo estaba, recordemos que estaba a menos de una cuadra del de ella, con el fin de verla aunque sea cinco minutos, a lo que ella accedió. Las medidas de seguridad me importaron muy poco, le pedí al maldito patovica si podía hacerme el favor de dejarme salir dos minutos para ver a mi novia. Sí, le mentí, no era mi novia, pero el subconciente me jugó la peor (o mejor) de las pasadas.
Cuando la ví venir desde la esquina, se me calló literalmente toda la estantería. Hacía mucho que no la veía, si no era de cruzada por alguna de las calles que solemos caminar ambos, y estaba más linda que nunca. Las vacaciones le habían sentado demasiado bien. Hablamos apenas unos minutos, los que me permitía el patovica mientras me hacía caras desde la puerta. Simplemente quería saber cómo estaba ya que nuestras conversaciones vía msn terminaban casi siempre, por no decir siempre, mal. En discuciones, en insultos, en malos tratos.
Hasta que en un momento no pude aguantar más y le dí el beso que hacía tanto tiempo guardaba para ella. Me aguantaba por una sóla razón: Ya habíamos intentado estar juntos y no nos había ido nada bien. No por ella, sino por mí. Nunca tuve el valor suficiente para poder afrontar semejante mujer con semejante carácter, pero era la mujer que yo quería y poco me importaba tener que jugarme tanto por un simple beso. Sé que a ella también le significó demasiado, lo sé porque la conozco, o quizás quiera pensar que lo sé porque me hubiese gustado que sea así, eso nunca lo sabré. Nos reímos un rato de la gente que pasaba, le robé un par de sonrisas, las cuales aún recuerdo patente, y nos despedimos. La abracé como hacía tiempo no abrazaba a nadie, pero necesitaba hacerlo.
Cuando estaba por doblar rumbo al bar en el cual estaba, le grité 'No te enamores'. Y hoy me doy cuenta que fui un estúpido, tendría que haberle gritado 'Enamorate tanto de mí como yo lo estoy de vos'. Pero otra vez, no me animé.
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La protagonista de mi película,
Tomas nocturnas
lunes, 6 de julio de 2009
Toma dos: Épocas doradas
Mis aficiones están todas pura y exclusivamente relacionadas con las artes, abarcando desde el dibujo, pasando por la música y los audiovisuales hasta las obras literarias más extensas.
Las inclinaciones musicales compartida por quién les habla, Tomás y Andrés, dos grandísimos amigos con los cuales vengo conllevando cosas desde mi infancia, nos hizo formar un proyecto musical el cuál duró los dos años anteriores. Al ser todos del mismo barrio, tocábamos en antros poco conocidos al cual sólamente acudían nuestros seres más cercanos, pagando limosnas de entrada, pero siempre con el claro objetivo de alimentar nuestro ego rockero.
Pasamos horas metidos en estudios de grabación, sacamos nuestro primer simple compuesto por cuatro de las varias canciones que compuse. Sí, y me hago cargo de la composición porque los otros dos delincuentes tienen un nivel de escritura nulo. Y a mi escribir no me costaba nada y, de hecho, era mi método de purga por elección.
Por primera vez se nos había presentado una oportunidad un tanto grande: Una de las bandas más reconocidas en al escena under del momento nos había escuchado de casualidad, revisando myspace's y purevolume's, y nos había invitado a tocar con ellos. No lo pensamos ni un segundo: Por cuestiones lógicas, era sabido que, al ser teloneros de la banda siguiente, la cantidad de gente que nos iba a escuchar iba a ser poca, nos iba a demandar un gran gasto y hasta quizás signifique pérdida, pero no nos importó. Teníamos que sacarnos el gusto, mientras durara nuestra era dorada de rock.
Y así fue. Íbamos a tocar en el Teatro de Flores, un lugar sumamente inmenso a comparación de dónde estábamos acostumbrados a tocar, y apenas nos subimos a probar el sonido, apuesto a que no sólo a mí me temblaban las piernas. Me costaba cada acorde, cada sólo, cada nota al cantar, me costaba todo.
Una vez terminada la prueba de sonido con todo resuelto, estabamos haciendo tiempo a que abrieran las puertas y la gente se instalara a conocernos. El tiempo no pasaba más, puedo asegurar que fue la media hora más larga de mi vida. Y en ese lapso, mientras los nervios carcomían todas y cada una de las partes de mi cuerpo, le mandé un mensaje preguntándole si iba a venir a verme. Respondió que no iba a venir a verme a mí, sino a la banda que venía después. Eso me decepcionó bastante, pero eso es una cosa que requiere demasiado tiempo, asique la contaré más adelante.
Nos llamaron, era hora de tocar. Nos subimos al escenario, como vocalista me tocó presentarnos y, entre nervios y confusiones, arrancamos. Tocamos casi todo nuestro repertorio dado que tuvimos la suerte de que nos pidieran que hiciéramos tiempo porque la banda que nos seguía todavía no estaba del todo lista. Cuando estábamos tocando el último tema, ese que le compuse a la mujer que esperaba que viniera a verme, pude distinguirla entre las cincuenta personas que estaban en el teatro, escondida atrás de una columna. También, pese a la distancia que nos separaba y los sentimientos que corrían ente verso y verso, pude ver que unas lágrimas bajaban por sus mejillas mientas ella intentaba disimular cualquier tipo de gesto que dejara en evidencia lo que le producía la canción (y ojalá yo también).
Terminamos. Recibimos aplausos y alagos más de los que esperábamos. Pero lo único que me importaba era encontrarla.
Corrí hasta la puerta, evitando cualquier tipo de conocido que pudiera retenerme, y cuando le pregunto al muchacho de la puerta si había visto a una chica con las características que le había dado, a lo que respondió: "Salió apenas terminaron de tocar y dejó esto para vos".
El muchacho me entregó una propaganda de esas con las que te llenan en los recitales de otra fecha que se estaba promocionando, y atrás decía: "Que bueno que no te hayas olvidado, porque yo tampoco".
Nunca entendí el porqué del mensaje escrito en ese papel, que aún guardo en un cajón, ni el porqué de sus lágrimas. O quizás nunca tuve el valor de preguntárselo.
Las inclinaciones musicales compartida por quién les habla, Tomás y Andrés, dos grandísimos amigos con los cuales vengo conllevando cosas desde mi infancia, nos hizo formar un proyecto musical el cuál duró los dos años anteriores. Al ser todos del mismo barrio, tocábamos en antros poco conocidos al cual sólamente acudían nuestros seres más cercanos, pagando limosnas de entrada, pero siempre con el claro objetivo de alimentar nuestro ego rockero.
Pasamos horas metidos en estudios de grabación, sacamos nuestro primer simple compuesto por cuatro de las varias canciones que compuse. Sí, y me hago cargo de la composición porque los otros dos delincuentes tienen un nivel de escritura nulo. Y a mi escribir no me costaba nada y, de hecho, era mi método de purga por elección.
Por primera vez se nos había presentado una oportunidad un tanto grande: Una de las bandas más reconocidas en al escena under del momento nos había escuchado de casualidad, revisando myspace's y purevolume's, y nos había invitado a tocar con ellos. No lo pensamos ni un segundo: Por cuestiones lógicas, era sabido que, al ser teloneros de la banda siguiente, la cantidad de gente que nos iba a escuchar iba a ser poca, nos iba a demandar un gran gasto y hasta quizás signifique pérdida, pero no nos importó. Teníamos que sacarnos el gusto, mientras durara nuestra era dorada de rock.
Y así fue. Íbamos a tocar en el Teatro de Flores, un lugar sumamente inmenso a comparación de dónde estábamos acostumbrados a tocar, y apenas nos subimos a probar el sonido, apuesto a que no sólo a mí me temblaban las piernas. Me costaba cada acorde, cada sólo, cada nota al cantar, me costaba todo.
Una vez terminada la prueba de sonido con todo resuelto, estabamos haciendo tiempo a que abrieran las puertas y la gente se instalara a conocernos. El tiempo no pasaba más, puedo asegurar que fue la media hora más larga de mi vida. Y en ese lapso, mientras los nervios carcomían todas y cada una de las partes de mi cuerpo, le mandé un mensaje preguntándole si iba a venir a verme. Respondió que no iba a venir a verme a mí, sino a la banda que venía después. Eso me decepcionó bastante, pero eso es una cosa que requiere demasiado tiempo, asique la contaré más adelante.
Nos llamaron, era hora de tocar. Nos subimos al escenario, como vocalista me tocó presentarnos y, entre nervios y confusiones, arrancamos. Tocamos casi todo nuestro repertorio dado que tuvimos la suerte de que nos pidieran que hiciéramos tiempo porque la banda que nos seguía todavía no estaba del todo lista. Cuando estábamos tocando el último tema, ese que le compuse a la mujer que esperaba que viniera a verme, pude distinguirla entre las cincuenta personas que estaban en el teatro, escondida atrás de una columna. También, pese a la distancia que nos separaba y los sentimientos que corrían ente verso y verso, pude ver que unas lágrimas bajaban por sus mejillas mientas ella intentaba disimular cualquier tipo de gesto que dejara en evidencia lo que le producía la canción (y ojalá yo también).
Terminamos. Recibimos aplausos y alagos más de los que esperábamos. Pero lo único que me importaba era encontrarla.
Corrí hasta la puerta, evitando cualquier tipo de conocido que pudiera retenerme, y cuando le pregunto al muchacho de la puerta si había visto a una chica con las características que le había dado, a lo que respondió: "Salió apenas terminaron de tocar y dejó esto para vos".
El muchacho me entregó una propaganda de esas con las que te llenan en los recitales de otra fecha que se estaba promocionando, y atrás decía: "Que bueno que no te hayas olvidado, porque yo tampoco".
Nunca entendí el porqué del mensaje escrito en ese papel, que aún guardo en un cajón, ni el porqué de sus lágrimas. O quizás nunca tuve el valor de preguntárselo.
viernes, 3 de julio de 2009
Toma uno: El comienzo.
¿Por dónde empezar? No sé bien todavía cómo es esto del blog, por lo pronto, lo tomo simplemente como una forma catártica. Últimamente las cosas no van bien y me es difícil centrarme en el trabajo y en la facultad. Necesito empezar a contar lo que me pasó, lo que me pasa y lo que, aparentemente, me pasará.
Con ustedes, un casi hombre que vivió bastantes, por no decir todas.
Con ustedes, su fiel servidor de aquí en más, Juán.
Con ustedes, un casi hombre que vivió bastantes, por no decir todas.
Con ustedes, su fiel servidor de aquí en más, Juán.
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